Con miles de vecinos presentes, la segunda noche del Corso de las Estrellas volvió a mostrar la fuerte convocatoria del carnaval en Metán. Comparsas, batucadas y familias completas acompañaron cada pasada en una celebración que reafirma su lugar como una de las fiestas más esperadas del calendario local.
La segunda noche del Corso de las Estrellas confirmó lo que en Metán ya es una tradición arraigada; el carnaval convoca, une y moviliza. Con una importante presencia de público y el acompañamiento sostenido de las familias, la jornada volvió a mostrar que el corso es, ante todo, una celebración popular que trasciende gestiones y nombres propios.
Desde las primeras horas de la noche, la Juana Azurduy se pobló de vecinos que aguardaron el inicio de las pasadas. Comparsas, agrupaciones musicales y personajes tradicionales desfilaron ante tribunas colmadas, en un clima festivo que se sostuvo hasta el cierre.
La conducción, parte del ritual
La conducción volvió a ser un componente central de la fiesta. Con estilo propio y experiencia en escenarios populares, Cecilia Luna destacó el clima que se vive en cada edición. Señaló que lo más significativo es la expectativa del público y el disfrute compartido. “Se ve que la gente lo está esperando, que quiere que se haga, que incluso está pendiente del tiempo”, expresó, en alusión a la amenaza de lluvia.
Por su parte, Sergio Campos, conocido popularmente como “Tinelli”, remarcó el trabajo previo que demanda cada noche. Indicó que el corso “arrancó con todo” y sostuvo que, año tras año, la convocatoria se mantiene porque se trata de “la fiesta del pueblo”. En ese sentido, valoró la presencia de familias y grupos de amigos que acompañan cada pasada y subrayó el rol del público como parte activa del espectáculo.
También se sumó a la conducción Sergio Correa, quien destacó la satisfacción por el desarrollo de la segunda jornada. Al referirse a lo que más impacta en cada presentación, señaló que la energía se percibe en el sonido de los tambores, repiques y redoblantes. “La adrenalina se siente en cada pasada”, afirmó, al tiempo que consideró que ese pulso marca la identidad de cada edición. Para Correa, que participa por primera vez en la conducción de los corsos metanenses, la experiencia representa un desafío profesional y una oportunidad de integrarse a una tradición consolidada.
Nostalgia y memoria colectiva
Más allá del brillo de los trajes y la potencia de las batucadas, el corso también remite a la memoria. Consultada sobre el significado personal del carnaval, Cecilia Luna lo definió como un espacio de nostalgia e historia. “Es volver al tiempo en que uno era chico y disfrutaba de otras cosas”, señaló, en referencia a las celebraciones de antaño, cuando el juego con harina y nieve artificial formaba parte del ritual, siempre bajo la figura simbólica del Rey Momo.
En esa línea, los conductores coincidieron en la importancia de sostener el espíritu familiar. La convocatoria fue clara: invitar a que nadie se quede en casa y que las próximas noches mantengan la misma participación. El llamado estuvo dirigido a compartir la fiesta de manera sana, en comunidad y con respeto.
Una fiesta que se sostiene en el tiempo
El Corso de las Estrellas volvió a demostrar que forma parte del calendario cultural y social de Metán. La respuesta del público en esta segunda noche consolidó el éxito de la edición y ratificó el lugar que ocupa el carnaval en la vida local.
Con ritmo sostenido, calles colmadas y un clima que acompañó, la celebración avanzó sin contratiempos y dejó planteada la expectativa para las próximas jornadas.
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