La institución apadrinada por el grupo es la Escuela Batalla de Salta N° 4130 Santa María, un establecimiento de modalidad albergue situado a unos 80 kilómetros del límite provincial. Allí concurren niños desde nivel inicial hasta séptimo grado. Aunque cuenta con internado escolar, varios estudiantes no permanecen alojados durante la semana y deben recorrer extensas distancias a pie para asistir a clases.
Según relataron los organizadores, algunos chicos caminan cuatro kilómetros para llegar al establecimiento y otros cuatro para regresar a sus hogares. Ocho kilómetros diarios, muchas veces en condiciones adversas, sin que ello signifique ausentarse de las aulas.
Frente a esa realidad, el Escuadrón reunió donaciones y logró conseguir bicicletas destinadas a los alumnos que realizan esos trayectos. El objetivo es aliviar el traslado, reducir tiempos de viaje y facilitar la continuidad escolar.
Pero la ayuda no se limita a la movilidad. También fueron recolectadas mochilas, ropa, mercadería, recipientes plásticos y distintos elementos de primera necesidad que serán distribuidos entre estudiantes, familias de la zona y personal del establecimiento.
Los referentes del grupo explicaron que mantienen vínculo con la escuela desde hace aproximadamente cuatro años, período en el que realizaron distintas visitas solidarias y promovieron actividades de integración. Incluso, en ocasiones anteriores, algunos alumnos del paraje pudieron viajar a San José de Metán para conocer la ciudad y participar de jornadas recreativas.
Quienes integran la agrupación destacaron además la calidez con la que son recibidos en cada viaje. Señalaron que el contacto con las comunidades rurales deja en evidencia necesidades materiales urgentes, pero también un fuerte compromiso de los chicos con el estudio y el esfuerzo cotidiano.
La nueva partida solidaria fue programada para la mañana siguiente, con la participación de tres vehículos y alrededor de quince integrantes entre corsarios y corsarias. No obstante, hasta último momento continuaban recibiendo colaboraciones de vecinos que deseaban sumarse.
Los organizadores agradecieron especialmente a comerciantes locales y familias de la ciudad que aportaron mercadería y bicicletas, varias de ellas reacondicionadas para ser entregadas en condiciones de uso.
Más allá de la ayuda puntual, la campaña deja una postal elocuente; mientras en los grandes centros urbanos muchas veces se discuten privilegios, en los parajes rurales todavía hay chicos que caminan kilómetros para poder estudiar. Y también hay vecinos dispuestos a tender una mano sin esperar nada a cambio.
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