Viajaron más de 1.400 kilómetros para encontrarse con los chicos de Casa Mugica

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Un grupo de estudiantes del Colegio Santa Cruz, de San Cristóbal (Buenos Aires), llegó a Metán para participar de una experiencia solidaria en la Casa Padre Mugica. Durante varios días compartieron actividades con niños y adolescentes, realizaron tareas de colaboración y fortalecieron un vínculo que se renueva año tras año.


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Después de más de 20 horas de viaje, un grupo de estudiantes del Colegio Santa Cruz, del barrio porteño de San Cristóbal, llegó nuevamente a San José de Metán para participar de una experiencia solidaria que desde hace años mantiene un fuerte vínculo con la Casa Padre Mugica.

La iniciativa reúne a alumnos y docentes que, durante varios días, colaboran con tareas comunitarias, realizan actividades recreativas y educativas junto a niños y adolescentes, y comparten una convivencia que busca acercar realidades distintas de un mismo país.

En esta oportunidad, diez estudiantes y dos docentes formaron parte de la delegación que arribó a la ciudad para continuar un proyecto que ya se ha convertido en una tradición para la institución educativa y para la comunidad que los recibe.

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Durante su estadía, los jóvenes participaron de trabajos de mantenimiento y embellecimiento de distintos sectores de la Casa Padre Mugica, además de acompañar a los niños en actividades escolares, juegos y espacios recreativos.

Mateo, uno de los estudiantes, destacó el recibimiento que encontraron desde su llegada a Metán. “Lo primero que quiero decir es gracias por cómo nos recibieron. Sentimos una bienvenida muy cálida de parte de ustedes y de todo el pueblo. Vinimos con diez estudiantes y dos docentes para ayudar en la Casa Mugica y compartir tiempo con los chicos”.

El joven explicó que parte de las tareas realizadas consistieron en reacondicionar algunos espacios de la institución.

“Estuvimos trabajando con juegos para los niños, refaccionando algunas paredes para darle más vida a la casa y también compartiendo actividades con chicos de jardín, primaria y secundaria. Los ayudamos con tareas del colegio, jugamos a las cartas, pintamos y tratamos de generar momentos para interactuar con ellos”.

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Sin embargo, más allá de las tareas en sí, los estudiantes coinciden en que lo más valioso de la experiencia surge del vínculo humano que se construye durante esos días.

Benicio aseguró que el grupo se sintió rápidamente integrado a la comunidad. “Los chicos nos recibieron muy bien. Se nota claramente la felicidad cuando nos ven. Entendemos que para ellos es algo raro que vengamos desde tan lejos hasta acá y por eso también se sorprenden mucho con nuestro acento”.

Las diferencias culturales y geográficas, lejos de generar distancia, se transformaron en una oportunidad de aprendizaje mutuo.

“Escuchamos palabras que usan ellos y se nos terminan pegando. También es lindo que ellos conozcan expresiones nuestras. Aprendemos unos de otros todo el tiempo”, señaló Mateo.

Los jóvenes también observaron diferencias entre la vida cotidiana de Buenos Aires y la realidad de una ciudad del interior como Metán. “En San Cristóbal somos muchísimos más. Hay mucho movimiento todo el tiempo. Acá es distinto, más tranquilo. Da la sensación de que la mayoría se conoce y eso tiene algo muy lindo. Es una diferencia muy grande con Buenos Aires”.

La delegación llegó a Metán luego de una extensa travesía iniciada el viernes y que demandó cerca de 23 horas de viaje. A pesar del cansancio, los estudiantes afirman que la experiencia justifica cada kilómetro recorrido.

De hecho, al hablar sobre el momento del regreso, ambos coincidieron en que se llevarán mucho más que recuerdos. “Me pondría bastante triste si hoy tuviera que volverme porque siento que todavía quedan muchas cosas por hacer. Me llevo caras nuevas que voy a recordar toda la vida y también ganas de volver. Hasta ahora está siendo una experiencia hermosa y me gustaría que más gente pudiera vivir algo así”.

Para los estudiantes, la experiencia no se limita a los días de trabajo en la institución. También implica conocer personas, descubrir otras formas de vida y regresar con historias que seguirán contando mucho tiempo después del viaje.

Por su parte, Benicio adelantó cuál será una de las primeras conversaciones al regresar a su casa. “Mi familia disfruta mucho de la comida, así que seguramente voy a empezar contando lo bien que se come acá. Pero después les voy a hablar de todo lo que vivimos y de cómo nos recibió la gente. Me quedo mucho con esa felicidad que vimos cuando llegamos. Sentimos que nos reciben como amigos”.

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Una de las cosas que más llamó la atención de los estudiantes fue saber que los niños de la Casa Padre Mugica esperaban su llegada desde hacía tiempo. “Nos contaron que los chicos estaban esperando que viniéramos. Apenas supieron que llegaban los chicos de Buenos Aires empezaron a preguntar y a entusiasmarse. Saber que hay personas que te esperan cambia completamente la forma en que vivís el viaje”.

Para los jóvenes, ese recibimiento se transformó en uno de los recuerdos más significativos de la visita. Asimismo, durante la entrevista surgió otro tema inevitable: el rol de los jóvenes en la actualidad. Ante las críticas que suelen escucharse sobre las nuevas generaciones, Mateo aseguró que “todavía hay chicos que quieren participar de estas propuestas. Nuestro colegio impulsa varios proyectos como este y hay muchos estudiantes que eligen sumarse. Nos gusta ayudar, compartir tiempo y generar experiencias para otros chicos. Ojalá más jóvenes puedan tener oportunidades así”.

Mientras la visita se acerca a su final, la sensación que predomina entre quienes llegaron desde Buenos Aires es la de haber construido algo más que una actividad escolar. Entre juegos, tareas compartidas y largas conversaciones, la experiencia volvió a demostrar que la solidaridad puede convertirse en una herramienta de aprendizaje, integración y crecimiento para todos los involucrados.

Una vez más, la distancia entre Buenos Aires y Metán quedó reducida a lo verdaderamente importante: el encuentro entre jóvenes que descubrieron que, más allá de los kilómetros, comparten valores, inquietudes y ganas de aportar a la sociedad.

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