Desconocidos rompieron la vidriera de una librería ubicada sobre calle Rivadavia, en Metán, e ingresaron al local para sustraer algunos objetos de escaso valor. El hecho dejó daños materiales de importancia y obligó a la comerciante a afrontar costosas reparaciones en medio de un contexto económico complejo.
La inseguridad volvió a golpear a un comercio de Metán. Durante la madrugada, delincuentes rompieron la vidriera de una librería ubicada sobre calle Rivadavia, ingresaron al local y se llevaron algunos objetos de pequeño valor. Sin embargo, según relató la propietaria, el perjuicio económico más importante está dado por los daños ocasionados en el inmueble.
El hecho ocurrió entre las 2 y las 2.20 de la madrugada. Raquel, dueña del negocio, contó que se encontraba descansando junto a su esposo cuando escucharon un fuerte estruendo.
«Fue un reventón. Después vino otro golpe más y comenzaron a caer los vidrios. Al principio pensé que podía ser un temblor o que habían roto algo del auto», recordó.
Su marido salió de inmediato al exterior mientras ella ingresó al local para verificar qué había sucedido. Fue entonces cuando advirtieron que la vidriera principal había sido destruida y que también había resultado dañada una segunda estructura de vidrio ubicada en el interior del comercio.
Según explicó, quienes ingresaron sustrajeron un reloj y algunas billeteras, aunque insistió en que el valor de los elementos robados resulta menor frente al costo de las reparaciones que ahora debe afrontar.
«El daño que hicieron no se compara con lo que se llevaron. Aunque aparecieran las cosas, eso no cubre los gastos que tuve y que sigo teniendo», expresó.
La comerciante señaló que debió reemplazar la vidriera exterior, reparar un mueble afectado y avanzar con arreglos en el portón de acceso, trabajos que representan una erogación adicional en un contexto económico complejo para el sector comercial.
«Le pregunté al muchacho que colocó el vidrio si podía pagarle en dos partes. También tuvimos que trabajar en el portón y todavía queda pendiente otra vidriera interior que debe ser reemplazada», indicó.
Raquel reconoció que, hasta ahora, observaba este tipo de situaciones como hechos que afectaban a otros vecinos de la zona. Aseguró que en el sector existe un grupo de comunicación entre frentistas de las calles Rivadavia, Güemes y Alem, donde con frecuencia se comparten alertas por episodios similares.
«Siempre lo veía desde la vereda de enfrente, lamentando lo que le pasaba a otro vecino. Pero cuando te toca a vos es distinto. Sentís impotencia, bronca y una gran preocupación», sostuvo.
La propietaria también hizo referencia a las dificultades que atraviesan los pequeños comerciantes para sostener la actividad diaria.
«Estamos a fin de mes, hay sueldos que pagar, impuestos, proveedores. Hoy cada peso cuenta y estos gastos imprevistos obligan a postergar otras necesidades», manifestó.
Pese a la situación, destacó el acompañamiento recibido por parte de clientes, vecinos y conocidos que se acercaron a expresar su solidaridad tras el episodio.
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Finalmente, lamentó el deterioro de la seguridad en la ciudad y pidió una mayor atención sobre la problemática.
«Tuve la oportunidad de irme de Metán y decidí quedarme. Es mi pueblo y me duele verlo así. Ojalá quienes tienen responsabilidades puedan mirar un poco más lo que está pasando, porque la situación está complicada», concluyó.
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