Íngrid Barroso trabajó varios años como maestra interina en Cataluña antes de mudarse a Helsinki. Aunque aprobó las oposiciones, no logró obtener una plaza fija y continuó encadenando sustituciones en distintas escuelas.
“Llevaba varios años encadenando sustituciones, buscando una estabilidad que no llegaba”, relató Barroso en diálogo con El HuffPost sobre su etapa como interina en Cataluña. A punto de cumplir treinta años, sentía que su país no le ofrecía las condiciones laborales que necesitaba.
Barroso decidió buscar oportunidades en Finlandia, atraída por su modelo educativo. “Quería que fuese enriquecedor a nivel profesional, así que busqué trabajo desde casa, envié el currículum y me contrataron rápidamente”, explicó.
La docente también destacó las diferencias en el acceso a la vivienda. “En Helsinki los precios son similares a los de Barcelona, pero no tienes que aceptar el primer anuncio que aparece ni visitar el piso al segundo día para no perderlo. Aquí hay más oferta y el proceso es menos estresante”, afirmó.
Según contó, un estudio de entre 30 y 40 metros cuadrados cuesta entre 800 y 900 euros mensuales. La principal diferencia con Barcelona está en la cantidad de anuncios disponibles y en el tiempo para decidir.
El salario base de un maestro en Finlandia ronda los 3.000 euros brutos mensuales, a los que pueden sumarse complementos por experiencia o por el conocimiento de idiomas. Barroso también comentó que, aunque los precios de alimentos y otros productos han subido en ambos países, los ingresos finlandeses acompañan mejor esos aumentos.
En cuanto a su experiencia laboral, Íngrid Barroso comenzó en Finlandia trabajando en una escuela privada y luego consiguió un puesto en un colegio público, donde el proceso de contratación es distinto al español. En Finlandia no requiere aprobar una oposición; basta con enviar el currículum, pasar una entrevista y que el centro decida su incorporación.
En Cataluña, en cambio, dependía de las bolsas de trabajo y de las sustituciones que surgieran durante el curso, lo que podía implicar cambiar de colegio, de grupo o incluso de ciudad con frecuencia. Esta falta de estabilidad también dificultaba el alquiler, ya que era complicado firmar un contrato de larga duración sin saber dónde trabajaría en los próximos meses.
En Finlandia, en cambio, logró un puesto fijo tras la entrevista. “Firmas un contrato fijo, es difícil que te despidan, pero puede suceder; no estás blindado como en España”, concluyó la maestra sobre su experiencia trabajando en el país nórdico.
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