Pese a la recolección domiciliaria, volvieron a arrojar basura, ropa y residuos electrónicos en un camino utilizado diariamente por alumnos de la escuela Guillermo Sierra.
El predio de calle Los Plátanos, casi esquina Libertad, había quedado limpio después de las competencias de mountain bike y enduro. Pocos días bastaron para que el sector volviera a convertirse en un punto de descarte.
En las márgenes del camino se acumulan bolsas con residuos domiciliarios, botellas, restos de comida, colchones, almohadas y podas. También se percibe un olor nauseabundo que podría corresponder a un animal muerto.
Por allí ingresan y salen diariamente alumnos de la escuela Guillermo Sierra. La circulación se completa con familias y trabajadores del barrio Los Sauces, que deben atravesar una zona expuesta a suciedad y posibles focos de contaminación.
Entre la basura también hay ropa, abrigos y calzado. No se sabe de dónde salieron ni por qué terminaron allí, en lugar de ser entregados a alguien que pudiera necesitarlos.
El hallazgo de televisores, monitores y componentes electrónicos añade un riesgo ambiental. Estos residuos requieren un tratamiento diferenciado por los materiales contaminantes que contienen y no deben abandonarse al aire libre.
El tamaño de los objetos indica que fueron trasladados hasta el lugar en vehículos. Una bolsa verde, con basura doméstica y restos de poda, apareció entre el domingo y la mañana del lunes, lo que demuestra que los vuelcos continúan.
La ciudad cuenta con recolección domiciliaria durante la semana. Aun así, hay quienes embolsan sus residuos, los cargan y recorren varias cuadras para dejarlos en un espacio público. La limpieza puede repetirse; mientras esa conducta no cambie, el resultado tendrá siempre los días contados.
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