El Servicio Meteorológico Nacional atraviesa una situación que encendió preocupación entre trabajadores del área y especialistas vinculados a la observación del clima. La reducción de personal, la falta de mantenimiento de equipos y el cierre o debilitamiento de sectores internos podrían afectar una tarea que resulta central para la vida cotidiana y es anticipar fenómenos meteorológicos, emitir alertas y aportar datos para la seguridad, la producción, la aviación y la prevención de emergencias.
En diálogo con Spacio TV, el profesor León Chancalay explicó que el problema no se limita a una cuestión administrativa ni laboral. Según sostuvo, el organismo cumple una función mucho más amplia que informar la temperatura o la humedad. “El Servicio Meteorológico tiene múltiples funciones: prevención, seguridad, trabajo conjunto con universidades, con el INTA y con distintas instituciones”, señaló.
Advirtió que uno de los sectores más golpeados es el de los observadores meteorológicos, trabajadores encargados de registrar el estado del tiempo en territorio y enviar esos datos al sistema nacional. “Somos los primeros que fotografiamos el tiempo”, expresó, al graficar el rol que cumplen quienes toman registros diarios de temperatura, presión, viento, nubosidad, precipitaciones y otras variables.
Esos datos, explicó, no quedan en una simple planilla. Son enviados al Servicio Meteorológico Nacional y forman parte de los paquetes de información que permiten elaborar pronósticos para cada región y también para el país. Sin esa base, la capacidad de anticipación se debilita.
El especialista remarcó que la situación se agravó por la pérdida de personal en distintas estaciones. Muchas de ellas, dijo, ya no funcionan durante las 24 horas y operan sólo en determinadas franjas horarias. “Lo que sucede después de la noche queda sin graficar, sin pasar los datos a Buenos Aires”, indicó. Esa interrupción, según explicó, reduce la precisión de los pronósticos y limita la posibilidad de extenderlos con mayor confiabilidad.
Chancalay también hizo hincapié en la función preventiva del organismo. Recordó que las alertas por frentes fríos, olas de calor, tormentas fuertes o lluvias intensas permiten que la población tome recaudos y que los organismos de emergencia puedan actuar con anticipación. “La idea es prevenir la acción del clima sobre la ciudadanía”, sostuvo.
En ese sentido, planteó que cuando la gente reclama porque una alerta llega tarde o porque el pronóstico no fue exacto, muchas veces desconoce el deterioro que existe detrás del sistema. La falta de personal, afirmó, repercute directamente en la calidad del servicio. “Si no tenemos datos, ¿con qué nos basamos para hacer el pronóstico?”, preguntó.
Otro punto sensible es la actividad aérea. Chancalay explicó que en el país existen alrededor de 54 estaciones meteorológicas ubicadas en aeropuertos. Varias cuentan con equipamiento digital complementario, pero muchos de esos instrumentos no funcionan correctamente por falta de mantenimiento. En esos casos, el observador termina supliendo manualmente una tarea que debería estar respaldada por tecnología en condiciones.
El problema, señaló, no siempre pasa por la antigüedad del equipamiento. Hay aparatos relativamente nuevos, con tres, cinco o seis años de uso, que permanecen limitados por falta de repuestos o mantenimiento técnico. Para la aviación, esos datos son fundamentales: permiten evaluar condiciones de pista, visibilidad, viento y otros factores que inciden en la seguridad operativa.
Chancalay explicó además que los datos generados por las estaciones no sólo sirven al pronóstico general. También alimentan sistemas específicos, como los destinados a la aviación y al pronóstico sinóptico, utilizado para analizar precipitaciones y otros fenómenos de mayor escala. Esos paquetes de información se procesan en Buenos Aires y luego se distribuyen para distintos usos.
Aclaró que incluso muchas aplicaciones de teléfonos celulares y servicios privados de pronóstico se nutren de datos generados por el Servicio Meteorológico Nacional. Por eso, advirtió que el debilitamiento del organismo también puede afectar la información que la población consulta a diario desde el celular. “Si el servicio no pasa los datos, difícilmente esas empresas puedan generar sus propios pronósticos con precisión”, explicó.
Según señaló, en el país funcionan alrededor de 127 a 130 estaciones meteorológicas, aunque la cobertura se ve condicionada por la disponibilidad de personal y recursos. En el caso de Metán, destacó que la estación local tiene una particularidad: mantiene un convenio con la Municipalidad de San José de Metán, una modalidad poco frecuente dentro del sistema. También mencionó experiencias vinculadas a universidades y al INTA, aunque advirtió que ese organismo también sufrió una fuerte disminución de recursos en los últimos años.
La falta de mantenimiento, agregó, no sólo alcanza a estaciones tradicionales. También afecta a estaciones automáticas instaladas en distintas zonas, especialmente en el norte del país, que dejaron de funcionar o quedaron limitadas por ausencia de repuestos, controles técnicos y presupuesto.
En el tramo final de la entrevista, Chancalay pidió que la sociedad tome dimensión de lo que está ocurriendo. “No es solamente el detrimento del Servicio Meteorológico por quedarse sin personal, sino también por quedarse sin recursos para funcionar todos los días”, advirtió. Mencionó faltantes de libretas meteorológicas, fajas, insumos básicos y elementos necesarios para registrar las variaciones del clima.
Para el profesor, el tema debe analizarse dentro de una discusión más amplia sobre el rol del Estado nacional en áreas esenciales. Comparó la situación con otros servicios que no pueden desatenderse, como rutas, hospitales e infraestructura básica. “Mucho se habla de seguridad, pero avisarle a la gente que puede venir una precipitación fuerte también es seguridad”, sostuvo.
Chancalay insistió en que la prevención es la palabra central. Anticipar una tormenta, una ola de calor o un fenómeno severo permite organizar recursos, reducir daños y proteger a la población. Sin datos, sin personal y sin equipos en condiciones, esa capacidad queda debilitada.
También se refirió a las críticas que recibe el organismo cuando los pronósticos no alcanzan el nivel de precisión esperado. Puso como ejemplo a Salta capital, una ciudad extensa, con zonas geográficas distintas y microclimas difíciles de anticipar con exactitud. En ese contexto, explicó, la tarea meteorológica requiere datos constantes, presencia territorial y recursos técnicos suficientes.
“Lamentablemente hoy no estamos hablando del tiempo como deberíamos, sino de una situación que nos atañe a todos”, concluyó.
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