La propuesta que ganó repercusión tras dichos de la senadora jujeña Vilma Bedia también llegó a Metán. En la calle hubo humor, sorpresa y una mayoría que prefirió seguir fiel al asado de siempre.
En tiempos de bolsillos ajustados y cambios en los hábitos de consumo, una discusión inesperada comenzó a instalarse en redes sociales, medios y conversaciones cotidianas: la aparición de carne de burro como alternativa gastronómica en distintos puntos del país. El tema cobró notoriedad luego de declaraciones de la senadora jujeña Vilma Bedia, referente de la Libertad Avanza, quien defendió públicamente su consumo.
La legisladora la calificó como un “plato fino”, sostuvo que tiene aceptación en países europeos y planteó su aprovechamiento como una opción posible frente a la crisis económica. Sus dichos se dieron en medio de un debate sobre costos de vida y acceso a los alimentos, donde propuso valorar recursos locales y alternativas no tradicionales.
La polémica no tardó en llegar al sur salteño. En Metán, donde la cultura gastronómica mantiene a la carne vacuna como referencia central, la consulta en la vía pública dejó una tendencia marcada; entre la sorpresa, el humor y el rechazo, pocos parecen dispuestos a incorporarla a la mesa familiar.
Uno de los vecinos consultados fue prudente: “Habría que probar. Nunca la probé, pero sí me animo”, dijo, aunque admitió que primero debería conocer cómo se prepara y en qué condiciones se vende.
Otro vinculó el tema con la situación económica actual: “Si no queda de otra…”, lanzó entre risas, reflejando que el debate también aparece atravesado por el precio creciente de los alimentos habituales.
Sin embargo, la postura predominante fue negativa. “No, por favor”, respondió una mujer sin dudar. Otra persona fue aún más tajante: “Asco”, apenas al imaginar la posibilidad.
También hubo quienes plantearon una mirada cultural. Un entrevistado sostuvo que, más allá de cuestiones nutricionales, el argentino mantiene una relación histórica con la carne vacuna: “Es la idiosincrasia de uno. Sobre todo del argentino”, afirmó.
En ese sentido, otro vecino recordó que en distintas regiones del norte argentino existen consumos tradicionales diferentes, como platos elaborados con llama en zonas de la Quebrada jujeña. Para él, la aceptación de ciertos alimentos responde más a costumbres regionales que a una cuestión de sabor.
Los más chicos también opinaron. Un niño consultado respondió sin vueltas: “Me da asco”, desatando sonrisas entre quienes observaban la escena.
Más allá de la anécdota, la recorrida dejó una conclusión evidente: Metán conserva hábitos gastronómicos tradicionales y observa con cautela cualquier propuesta que se aleje del asado, la empanada o el pollo de todos los días.
Por ahora, al menos en la calle, la carne de burro no parece tener lugar asegurado en la mesa metanense. Entre la curiosidad y la resistencia, ganó la costumbre.
SPACIO NOTICIAS SITIO OFICIAL!




