Cada miércoles, un grupo de jubilados y pensionados de Metán vuelve a la plaza para visibilizar lo que consideran un avance sobre sus derechos. En diálogo con Spacio TV, Marita Germán y Mario López advirtieron que la falta de participación social y el retroceso de conquistas históricas ya impactan de lleno en la vida de miles de familias.
En Metán, todos los miércoles, pase lo que pase, un grupo de jubilados, pensionados y familiares de personas con discapacidad se planta en la plaza principal. No hay consignas partidarias ni banderas ajenas; hay rostros cansados, manos temblorosas y una convicción que no se negocia. Lo que defienden —la dignidad, los derechos básicos, el respeto— es tan elemental que asombra que deba volver a discutirse.
La presencia de estos adultos mayores no es anecdótica. Es un espejo incómodo para una sociedad que muchas veces solo protesta desde un celular. Mientras la indignación se diluye en comentarios y reacciones, ellos se sientan, esperan, explican, insisten. Lo hacen sin saber si mañana podrán pagar la garrafa, sin saber si la jubilación alcanzará para medicamentos o alimentos. Lo hacen porque lo que está en juego es más grande que ellos: es el futuro de todos.
En una entrevista en Spacio TV, la profesora Marita Germán y Mario López —referentes del Movimiento Dignidad— describieron esta lucha con una lucidez que interpela. Lo que dijeron no es cómodo, no es decorativo y no busca agradar; busca que la sociedad despierte.
“Criticamos desde el teléfono, pero no nos involucramos”
Germán fue directa: “Nos resulta más cómodo cuestionar desde el celular que participar”.
La frase cayó como una piedra, porque es cierta. Hoy, la protesta más habitual es un mensaje rápido, una queja en redes, un “me gusta” que pretende reemplazar la acción. Pero la realidad a la que se enfrentan los jubilados no se resuelve con un emoji.
La profesora señaló que la violencia que se ejerce cada miércoles en Buenos Aires, frente al Congreso, donde adultos mayores y personas con discapacidad son reprimidos, debería movilizar a cualquiera. “Acá no vivimos esa violencia. Por eso, estar presentes también es una forma de acompañar”, afirmó.
No es solo un reclamo económico. Es un pedido de respeto. Y es preocupante que quienes tienen más años de vida acumulada sean quienes deban recordárselo al resto.
La historia reciente como advertencia
López apeló a la memoria colectiva. Recordó el 26 de junio de 2002, las muertes de Maximiliano Kosteki (22) y Darío Santillán (21), y las movilizaciones que obligaron al gobierno a frenar la represión y adelantar elecciones. Subrayó que las imágenes de violencia policial que hoy circulan no son aisladas; son un método que se repite y se documenta.
También señaló que los medios de gran alcance colaboraron en demonizar la protesta social, instalando la idea de que manifestar es sinónimo de caos. “Eso hizo retroceder a muchos”, explicó. Pero recordó algo aún más importante; la represión y el miedo nunca resuelven los problemas de fondo.
Derechos en retroceso: “La democracia está siendo condicionada”
Germán advirtió sobre señales que ponen en duda la solidez institucional del país. El uso extendido de decretos, decisiones relevantes sin pasar por el Congreso, reformas laborales que precarizan y afectan jubilaciones futuras.
Sostuvo que la falta de participación ciudadana es consecuencia directa de ese avasallamiento: “Cuando los derechos empiezan a vulnerarse, la gente se retrae. Pero eso debilita la democracia”.
“No podemos mirar al costado. Lo que se decide hoy define nuestro futuro.”
Derecha, izquierda y una sociedad cansada
El Movimiento Dignidad no se presentó como un espacio de una sola identidad ideológica. Dentro del grupo conviven miradas distintas, pero hay un límite común; la dignidad no se negocia.
Germán sostuvo que copiar modelos extranjeros no tiene sentido si no se respeta la idiosincrasia local. Y que la famosa “libertad” que se promociona desde ciertos discursos es selectiva: “Acá vendieron libertad, pero no para todos”.
López, por su parte, hizo un repaso de décadas donde distintos gobiernos —de todos los signos— no lograron resolver lo esencial; empleo, estabilidad, previsión social. La frustración acumulada abrió la puerta a opciones extremas, pero también dejó clara una cosa: el problema no es de un partido, es de un país que no logra construir un proyecto común.
La plaza como símbolo que incomoda
Las movilizaciones del Movimiento Dignidad no siempre suman a todos los que expresan su malestar en radios y redes. Muchos jubilados viven situaciones críticas; no llegan a mitad de mes, piden ayuda básica, dependen de terceros para cubrir lo mínimo. Ese desgaste también limita la participación.
Aun así, Germán y López continúan convocando. Destacaron que las reformas laborales y previsionales que se discuten actualmente condicionarán la vida de quienes hoy están en actividad. “Los trabajadores activos deberían ser los primeros en acompañar. Lo que pase con la ley de hoy será la jubilación de mañana”.
La convocatoria para la movilización nacional es tiene como objetivo visibilizar en la calle lo que la realidad marca todos los días.
“Un pueblo que no participa queda expuesto al avance de cualquier poder que quiera imponer una sola voz”
Metán —como tantas ciudades del país— necesita más que comentarios desde el teléfono. Necesita presencia, decisión y responsabilidad. No para un partido, no para una bandera; para la vida cotidiana de cada vecino.
Los jubilados lo entendieron primero. Están en la plaza todas las semanas, aun con el cuerpo cansado y la jubilación insuficiente. Lo hacen porque saben que, si ellos no defienden sus derechos, nadie lo hará por ellos.
Esa constancia debería avergonzar a los que miran de lejos. Y debería despertar a quienes aún creen que los derechos se sostienen solos.
La dignidad no se regala. Se defiende. Y en Metán, los miércoles, se defiende en la plaza.
SPACIO NOTICIAS SITIO OFICIAL!
