Mientras la ciudad celebra, puertas adentro muchas mascotas atraviesan horas de miedo y desorientación. El ruido intenso vuelve a generar consultas veterinarias y reactiva el pedido de cuidados básicos para evitar situaciones de riesgo.
Con la llegada de las fiestas de fin de año, la ciudad se prepara para celebraciones que, para muchos, incluyen reuniones familiares, música y fuegos artificiales. Sin embargo, detrás del clima festivo, hay una realidad que se repite cada diciembre; el impacto que el ruido provoca en las mascotas. A pesar de las leyes y ordenanzas vigentes que promueven el uso de pirotecnia sonora reducida, perros y gatos continúan siendo uno de los sectores más afectados durante estas fechas.
El veterinario Federico Toledo, profesional con amplia trayectoria en Metán, explicó que los animales tienen una capacidad auditiva muy superior a la humana, lo que hace que las explosiones de fuegos artificiales generen estrés, desorientación e incluso cuadros clínicos más severos. “No se trata solo de miedo. Hay mascotas que pueden sufrir vómitos, crisis convulsivas o lesiones por intentos de escape”, señaló.
Entre las alternativas de cuidado, Toledo mencionó la opción farmacológica, que debe ser siempre indicada y controlada por un veterinario. Se trata de gotas sedantes que se administran entre 30 y 40 minutos antes del inicio de los ruidos más intensos. “En algunos animales producen sueño y en otros una sedación leve que los desconecta del estímulo externo”, explicó. No obstante, aclaró que su uso requiere precauciones básicas, como un ayuno previo de entre seis y ocho horas, ya que la medicación puede provocar vómitos y, en casos extremos, generar complicaciones respiratorias.
El profesional advirtió además sobre la particularidad de las razas braquicéfalas —como bulldog inglés, bulldog francés, pug y bóxer— que presentan vías respiratorias más comprometidas. En estos casos, la dosis debe ser menor y el control más estricto. “Por eso es fundamental la consulta previa. No todas las mascotas reaccionan igual y no todas requieren la misma intervención”, subrayó.
Para quienes no opten por el uso de medicación, existen medidas no farmacológicas que ayudan a reducir el impacto del ruido. Entre ellas, se recomienda acondicionar una habitación lo más alejada posible de la calle, sin acceso a ventanas o elementos que puedan provocar lesiones. Colchones, mantas y música suave pueden contribuir a generar un ambiente más contenido. “El animal va a escuchar los ruidos, pero no con la misma intensidad”, explicó Toledo.
Otro punto habitual de consulta durante las fiestas es qué hacer con las mascotas cuando las familias salen de casa. En esos casos, el veterinario aconseja mantener las mismas pautas de aislamiento y prestar especial atención a la alimentación. “Lo ideal es que la mascota coma temprano, alrededor de las cinco o seis de la tarde, y luego solo tenga agua. El estrés puede provocar vómitos y eso representa un riesgo”, indicó.
Más allá del ruido, Toledo llamó la atención sobre los riesgos asociados a la alimentación durante las celebraciones. El consumo de restos de comida, especialmente huesos de pollo, sigue siendo una de las principales causas de urgencias veterinarias. “No es un mito. El hueso de pollo se astilla y puede perforar desde la boca hasta el intestino”, advirtió. También recomendó evitar fritos, cebolla, dulces y excesos de pan, alimentos que pueden generar desde gastroenteritis hasta cuadros más graves como pancreatitis o diabetes.
“El animal es igual que nosotros, con la diferencia de que no puede decir lo que le duele”, resumió el profesional, al insistir en la importancia de la prevención. En ese sentido, reiteró un mensaje que cada año vuelve a ponerse sobre la mesa; reducir el ruido y priorizar el bienestar de quienes no pueden defenderse.
Mientras la discusión sobre la pirotecnia sigue abierta, el llamado apunta a la responsabilidad individual. Menos estruendo, más cuidado y decisiones conscientes pueden marcar la diferencia entre una noche festiva y una madrugada de urgencias. Porque para muchas mascotas, las fiestas no son un festejo, sino una prueba de resistencia.
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