En menos de un mes, el comercio de una concejal fue blanco de trece robos. El último ocurrió mientras realizaba la denuncia y volvió a exponer una problemática que, según advierte, se repite en distintos puntos de Metán.
La concejal Romina Barboza volvió a quedar en el centro de una situación que, según sostiene, ya dejó de ser un hecho aislado. Su comercio fue blanco de un nuevo robo —el número trece en menos de un mes— y el episodio, lejos de cerrarse en lo personal, terminó poniendo en evidencia un problema que, advierte, se repite en distintos puntos de la ciudad.
En el último hecho, mientras la propia edil se encontraba radicando la denuncia en la comisaría, efectivos lograron demorar a algunos de los involucrados, acusados de sustraer bebidas alcohólicas del local.
El comercio, que pertenece a su familia desde hace más de cuatro décadas, sufrió daños materiales y pérdidas económicas. Pero el dato, insiste, excede lo individual. “No hay un día que no reciba a vecinos con situaciones similares”, explicó. Los planteos llegan por distintos canales; en el negocio, en el Concejo Deliberante, en su domicilio o a través de mensajes.
En ese marco, la concejal aseguró que desde el ámbito legislativo se impulsaron ordenanzas y pedidos formales vinculados a la seguridad, además de reuniones con autoridades policiales. Sin embargo, remarcó que el problema no puede abordarse de manera aislada. “No podemos naturalizar la delincuencia”, sostuvo.
Robos, detenciones y un auto buscado: el saldo del fin de semana
Barboza también hizo referencia a cuestionamientos que circularon tras el último procedimiento, en los que se insinuaba una respuesta policial más rápida por tratarse de una funcionaria. “No tengo ninguna coronita. Soy una trabajadora más, como cualquier vecino”, respondió. Y agregó que su doble rol —como comerciante y representante— no la coloca en una situación distinta frente al delito.
En su planteo, puso el foco en la cadena que sostiene este tipo de hechos. “Si alguien compra lo robado, termina siendo parte del problema”, advirtió. Según indicó, muchos de los bienes sustraídos encuentran rápida salida en el circuito informal, lo que alimenta la repetición de los delitos.
En paralelo, Barboza destacó el rol de los vecinos, quienes en varias oportunidades dieron aviso mientras los robos estaban en curso. “Esta vez preferí no ir. Lo último que falta es que haya un daño físico”, explicó.
La concejal recordó otros hechos sufridos en el último tiempo, entre ellos el robo de una bicicleta —que pudo recuperar— y de elementos de su vehículo, que no volvieron a aparecer. “El sábado, mientras hacía la denuncia, entraron otros comerciantes por situaciones similares”, relató.
En ese contexto, insistió en la necesidad de fortalecer el trabajo conjunto entre el Estado y la comunidad. Mencionó la implementación de mesas de seguridad barriales, previstas por ordenanza, como una herramienta para articular acciones con vecinos y fuerzas policiales.
También apuntó a factores urbanos que, según su visión, inciden en la problemática: iluminación deficiente, acumulación de residuos y sectores descuidados que facilitan maniobras delictivas. “La seguridad no es sólo patrullaje. También es prevención”, resumió.
El planteo cierra sobre una idea que atraviesa todo su diagnóstico: la necesidad de una respuesta colectiva. “No podemos mirar para otro lado”, señaló. Y, en ese sentido, pidió evitar la compra de objetos de procedencia dudosa y reforzar la comunicación entre vecinos.
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