Fue el último día de clases para los alumnos de 7° de la escuela Marco Avellaneda y, al salir a la calle, la emoción se desbordó entre nieve en aerosol, batucada y abrazos interminables. Afuera, las familias y los chicos vivieron una despedida que marcó el cierre de una etapa y el comienzo de otra.
El último timbre del año sonó dentro de la escuela Marco Avellaneda, pero la verdadera fiesta esperaba afuera. En la vereda, sobre la calle y bajo el sol del mediodía, familiares y alumnos de 7° grado se reunieron para vivir una despedida que mezcló emoción, ruido, abrazos y ese desorden propio de las celebraciones escolares. Nieve en aerosol, bengalas de colores, batucada y celulares grabando cada segundo marcaron un cierre que no pasa inadvertido para nadie.
En ese clima, Spacio TV conversó con algunos de los chicos que hoy dejaron atrás la primaria. “Estoy feliz; voy a extrañar a mis compañeros”, decía uno de ellos, todavía con la chomba de la escuela y la sonrisa tensa entre alegría y nostalgia.
Una de las alumnas resumió el sentimiento general: “Todo fue muy lindo, nunca lo voy a olvidar. Es lo mejor que me pasó”. Contó que, aunque arrancan las vacaciones, seguirán en contacto. Ya tiene decidido dónde seguirá sus estudios: “Nos vamos a dividir… yo me voy al Estrada y algunos al Juan Carlos Dávalos y a la Técnica”.
Otro de los estudiantes lo vivió con alivio y orgullo: “Gracias a Dios se cumplió y pudimos ser egresados”. Y no faltaron los cantos alegres del grupo que sostenía una bandera con la leyenda “Promo 2025”, acompañada por todos los nombres. “Fue el mejor año de todos. La pasamos hermoso, nos esforzamos mucho y tuvimos buenos compañeros”, dijeron entre risas, saltos y fotos.
En medio del festejo, un alumno recordó cómo había sido su paso por la primaria: “Hermoso, aunque tuvimos problemas… pero hermoso. Lo más lindo fue estar entre todos disfrutando.
«Cuando estábamos en primero y segundo grado, y después en cuarto, tuvimos los mejores profesores. Nuestra seño —la que ahora es vicedirectora— es la mejor seño de todas. Cada seño nos enseñó tan lindo”, agregó emocionada otra de las alumnas.
El abanderado también dejó su palabra. Hace nueve años que forma parte de la escuela y el próximo año continuará sus estudios en el colegio Juan Carlos Dávalos.
Entre los festejos habló una de las docentes que compartía la alegría junto a los estudiantes, casi como una más del grupo. “Fue un hermoso grupo. Me siento egresada junto con ellos”, dijo con la voz quebrada. “Dos años los tuve conmigo. Fueron mis alumnos en 5° y ahora en 7°. Cómo no emocionarme… los amo con toda mi alma. Me cuesta desprenderme de ellos. Pasan a una de las etapas más importantes de sus vidas. Antes los veía todos los días; ahora, quizá, solo me los cruce en la calle”.
La escena final fue el retrato clásico de fin de ciclo; padres y madres registrando cada gesto, la nieve celebratoria volando por el aire, la batucada marcando el pulso, y los chicos abrazados, repitiendo entre risas que este día quedará con ellos.
Una despedida que se siente en cada latido. Los alumnos del Marco Avellaneda se alejan de los pasillos que los vieron crecer, de las risas compartidas, de las maestras que los conocieron desde primero hasta séptimo. Se despiden de juegos, travesuras y secretos guardados en la memoria de esta etapa que no volverá.
Pero mientras un capítulo se cierra con abrazos que duran segundos eternos y ojos que brillan con lágrimas contenidas, otro se abre lleno de promesas; nuevos desafíos, compañeros que esperan, aprendizajes que aún no imaginan y alegrías que los esperan a la vuelta de cada esquina. Hoy dicen adiós, pero en cada paso que den llevarán con ellos la fuerza de estos años, la certeza de que fueron especiales y la emoción de que lo mejor aún está por llegar.
SPACIO NOTICIAS SITIO OFICIAL!






