En Metán, otro vecino encendió basura en el fondo de su casa y desató un incendio que alarmó a todo un barrio. Los bomberos voluntarios volvieron a intervenir en condiciones climáticas críticas, en un escenario que se repite pese a las advertencias constantes y a los riesgos evidentes.
La escena se repite con una tozudez que ya raya lo absurdo. Con el calor agobiante, la humedad elevada y el viento permanente, cualquier chispa se convierte en un riesgo inmediato. Y aun así, en Metán siguen apareciendo vecinos que insisten en quemar basura en el fondo de sus casas, a metros de cañaverales secos y con un clima totalmente adverso. Ayer, una vez más, los bomberos voluntarios tuvieron que salir a frenar un incendio evitable, nacido de una conducta imprudente.
En el ambiente de trabajo se lo dice sin vueltas: los incendios domiciliarios por quemas informales son el problema más reiterado de la temporada. Y los bomberos —tanto los de la Policía como los voluntarios— vuelven a poner el cuerpo, aun con recursos ajustados y vehículos que requieren reparaciones constantes. “Hoy la camioneta se rompió, hay que comprar repuestos, hay que repararla. ¿Para salir a hacer qué? A tapar las irresponsabilidades de un vecino que decidió limpiar el fondo de su casa haciendo fuego bajo un cañaveral”, describieron desde el cuartel.
El jefe de los Bomberos Voluntarios, Néstor Lamas, había dado por la mañana una serie de recomendaciones precisas; no quemar hojas, no incinerar basura y evitar cualquier tipo de fogata. Horas más tarde, la realidad le respondió con ironía; otro incendio provocado por un vecino que encendió desechos al pie de un cañaveral.
“Mucha gente prende la basura en el fondo de su casa y ayer, a consecuencia de eso, un foco igneo hizo daño a un vecino también. Son cosas que molestan porque la gente no llega a entender”, señaló Lamas, visiblemente cansado del mismo libreto.
El incidente ocurrió en una zona cercana a 20 de Febrero y San Lorenzo, aunque la intervención se demoró más de lo necesario por imprecisiones al momento de informar la ubicación. “Por favor, cada vez que den una ubicación que sea lo más justa y precisa. Eso también ayuda a poder sofocar antes”, remarcó.
Cuando el móvil finalmente llegó al lugar, el fuego ya había tomado parte del cañaveral y había alcanzado una pequeña construcción donde un vecino guardaba herramientas. La piecita quedó destruida por completo. El estallido de las cañas encendidas —un sonido que se escucha a cuadras de distancia— alarmó a todo el barrio.
“Gracias a Dios no hubo heridos, pero la alarma fue general. Las cañas son extremadamente peligrosas. Además, con el viento que tenemos todos los días, una hojita ardiendo puede volar varias cuadras y prender otra casa. De hecho, vivo en barrio Lugano, a dos cuadras y media, y me llegaron hojas quemadas”, advirtió Lamas.
Los bomberos repiten lo mismo desde hace años, pero la advertencia no cala; no se puede quemar basura. La normativa lo prohíbe, el clima lo vuelve extremadamente riesgoso y los incendios recientes confirman que la práctica no solo pone en peligro bienes materiales, sino también vidas.
“No sabemos ya cómo decirle a la gente que no prenda fuego. Tal vez llegue el momento en que solo una denuncia formal haga entender a quienes no escuchan”, aseveró.
Mientras tanto, los incendios siguen apareciendo. Y los bomberos, una vez más, corren detrás de conductas que podrían evitarse con una mínima cuota de sentido común.
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