Vecinos de Metán alertan por la presencia de víboras en calles con malezas y restos de basura, un problema que aumenta el riesgo para la salud y la seguridad en la zona.
La aparición reiterada de víboras en zonas urbanas volvió a encender una señal de alerta que excede lo anecdótico y obliga a mirar el problema desde una perspectiva ambiental y sanitaria. En los últimos días, vecinos de distintos puntos de Metán hicieron llegar imágenes y testimonios que dan cuenta de la presencia de yararás, una situación que ya no puede explicarse como un hecho aislado ni circunstancial.
Los registros más recientes corresponden a calle Alem al 800, donde frentistas señalaron la detección y posterior eliminación de ejemplares en el transcurso de una misma semana. A esto se suman imágenes tomadas en inmediaciones de un supermercado de la zona, en un sector donde confluyen malezas altas, acumulación de residuos y restos de poda arrojados de manera irregular. El escenario se repite; terrenos descuidados, vegetación fuera de control y basura que termina funcionando como refugio para animales silvestres.
Desde el punto de vista ambiental, la presencia de ofidios en áreas pobladas responde a una lógica conocida. Las víboras no “invaden” la ciudad; se desplazan cuando su hábitat se ve alterado o cuando encuentran condiciones favorables para resguardarse y alimentarse. Malezas altas, montículos de ramas, escombros y residuos orgánicos generan microambientes propicios, especialmente en épocas de calor y lluvias, cuando la proliferación de roedores también aumenta.
Metán: vecinos reclaman limpieza de un lote baldío cercano al hospital
El problema adquiere una dimensión de salud pública cuando esa convivencia forzada se da a pocos metros de viviendas, veredas transitadas y espacios comerciales. La yarará es una especie venenosa y su mordedura constituye una urgencia médica. Aunque los accidentes no sean frecuentes, el riesgo existe y no distingue edades ni horarios. Basta una distracción, un pastizal descuidado o un residuo mal dispuesto para que la situación derive en un hecho grave.
Las imágenes enviadas por los propios vecinos funcionan, en este contexto, como una forma de advertencia colectiva. No se trata solo de exponer lo que ocurre, sino de poner en evidencia una cadena de responsabilidades compartidas. El crecimiento desmedido de malezas, la falta de limpieza en terrenos y espacios comunes, y la costumbre de utilizar zonas baldías como basurales improvisados conforman un combo que favorece estos episodios.
Las víboras seguirán existiendo, porque forman parte del ecosistema. La diferencia la marca el orden —o el desorden— con el que convivimos con nuestro entorno. Y eso, a esta altura, ya no admite demasiadas excusas.
SPACIO NOTICIAS SITIO OFICIAL!


¿Nadie ha roto el hielo todavía?
Tu opinión es importante para nosotros. Sé la primera persona en dejar un comentario.
Empezar conversación ahora