Con apenas 9 años, Alfonsina convirtió recetas familiares en un pequeño emprendimiento. Con “La Cocina de Alfon”, vende postres caseros y ya suma clientes propios.
En tiempos donde muchas veces se habla de dificultades económicas y falta de oportunidades, la historia de Alfonsina aporta una mirada distinta. Tiene apenas 9 años, cursa cuarto grado y decidió dar sus primeros pasos en el mundo del trabajo con una propuesta sencilla, casera y efectiva: vender postres elaborados por ella misma bajo el nombre de “La Cocina de Alfon”.
La iniciativa nació dentro de su casa, después de una charla familiar que la hizo reflexionar. Según contó, solía pedir dinero con frecuencia a sus padres, hasta que un día recibió como respuesta que «la plata no llega sola, hay que ganársela». Lejos de tomarlo como un reto, la niña lo convirtió en impulso.
Con sus primeros ahorros —incluso parte del dinero que había guardado del tradicional Ratón Pérez— compró los ingredientes iniciales y comenzó a producir arroz con leche, flan y otras preparaciones dulces. Todo con un ingrediente central; las recetas heredadas de su abuela, quien además le enseñó el paso a paso en la cocina.
Hoy, los pedidos llegan a través de redes sociales administradas por su madre, mientras Alfonsina se encarga de preparar las porciones y coordinar las entregas. También vende en la escuela, donde compañeras, compañeros, docentes y familias ya se transformaron en clientes habituales.
Lejos de tratarse de un juego pasajero, la pequeña emprendedora habla con naturalidad sobre reinvertir, sumar productos y seguir creciendo. Con la espontaneidad propia de su edad, también admite que piensa usar parte de sus ganancias para comprarse ropa, maquillaje y algunos gustos personales.
La familia acompaña de cerca el proyecto. Padres, tíos y allegados colaboran con difusión, logística y apoyo diario.Ese acompañamiento familiar permitió que la iniciativa creciera desde sus primeros pasos y comenzara a afirmarse con el paso de los días.
Más allá de lo que vende, la historia de Alfonsina deja una gran enseñanza; con apenas 9 años entendió que las cosas cuestan y se consiguen con esfuerzo, constancia y ganas de salir adelante. Que detrás de cada peso ganado hay tiempo, trabajo y dedicación.
Mientras sigue yendo a la escuela y viviendo su infancia como cualquier nena de su edad, también encontró una forma de crecer por sus propios medios. Empezó con ganas, con el apoyo de su familia y con esas recetas de la abuela que hoy se transformaron en una oportunidad.
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