La visita de estudiantes del Colegio Santa Cruz a la Casa Padre Mugica dejó momentos de profunda emoción. Entre juegos, actividades compartidas y afecto mutuo, tanto los jóvenes de Buenos Aires como los chicos de Metán coincidieron en una sensación: el deseo de volver a encontrarse.
Las actividades solidarias desarrolladas por los estudiantes del Colegio Santa Cruz de Buenos Aires en la Casa Padre Mugica dejaron algo más que tareas cumplidas y espacios reacondicionados. A medida que avanzaron los días, el vínculo construido con los niños y adolescentes de la institución se transformó en uno de los aspectos más significativos de la experiencia.
Los juegos, los dibujos, los partidos de fútbol y las conversaciones compartidas terminaron generando lazos que quedaron reflejados en las expresiones de quienes participaron de la visita.
Una de las docentes que acompañó al grupo reconoció que la experiencia moviliza tanto a los jóvenes visitantes como a quienes los reciben. «Me emociona muchísimo compartir esto con mis chicos. Es algo que esperamos durante mucho tiempo. Ver cómo nos reciben, cómo se alegran de volver a vernos al día siguiente, es algo que llena de alegría y de amor. Siento que dejamos un pedacito de corazón acá en la ciudad», expresó.
Durante las jornadas, los estudiantes compartieron actividades recreativas y educativas con los niños de la Casa Padre Mugica. Mientras algunos dibujaban, otros jugaban al fútbol o participaban de distintas propuestas organizadas por los voluntarios.
Los propios chicos de la institución reconocieron el entusiasmo con el que vivieron esos encuentros. Consultado sobre la visita, uno de ellos respondió sin rodeos cuando le preguntaron si quería que los estudiantes regresaran a Buenos Aires.
«No», contestó entre risas, dejando en claro que preferiría que la estadía se extendiera algunos días más.
Las muestras de afecto también llegaron desde los estudiantes que viajaron desde Buenos Aires. Martina resumió el sentimiento compartido por gran parte del grupo.
«Me llevo el cariño de todos los chicos. Nos recibieron con mucho amor y mucha emoción. Eso es algo que no vamos a olvidar», señaló.
Para muchos de ellos, la experiencia no solo permitió conocer una realidad diferente, sino también generar vínculos que trascendieron la actividad solidaria.
Juan destacó especialmente el contacto con los niños y la calidez de la comunidad metanense. «Me llevo la experiencia, las tradiciones, la comida y sobre todo la posibilidad de acompañar a los chicos. Eso me hace muy feliz», afirmó.
La gastronomía local fue uno de los temas recurrentes entre los visitantes. Benjamín contó que, aunque existen similitudes con las comidas que consumen habitualmente en Buenos Aires, encontró diferencias que le llamaron la atención.
«Las comidas son bastante parecidas, pero cambia mucho el sabor. Probamos guisos y otras comidas caseras que estaban muy ricas. La verdad es que nos gustó todo», comentó.
Romeo, otro de los estudiantes, puso el foco en el recibimiento que encontraron desde el primer día. «Nos llevamos el cariño de los chicos. Después de varios días ya hay mucha confianza con la gente de la casa. Nos sentimos muy bienvenidos y eso era algo que no esperábamos de esta manera. El contacto con las personas es lo más importante», sostuvo.
A medida que se acerca el regreso a Buenos Aires, tanto los estudiantes como los niños de Casa Padre Mugica comienzan a asumir que la despedida está cerca. Sin embargo, la experiencia deja una certeza compartida; durante algunos días, jóvenes provenientes de lugares distintos lograron encontrarse, conocerse y construir vínculos genuinos.
Más allá de las actividades realizadas, el verdadero valor de la visita quedó reflejado en algo mucho más… la alegría de compartir tiempo juntos y el deseo mutuo de volver a encontrarse.
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