Día del Peluquero: la historia de Pedro Ferreyra y sus 54 años de trabajo

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En el Día del Peluquero, el reconocido trabajador metanense repasó sus comienzos, habló de los cambios que tuvo la profesión y contó por qué decidió seguir formando a jóvenes de distintas localidades.


Día del Peluquero: la historia de Pedro Ferreyra y sus 54 años de trabajo

Pedro Ferreyra lleva 54 años trabajando como peluquero. Durante ese tiempo vio cambiar las máquinas, las herramientas, los estilos y hasta la manera de atender. Sin embargo, sostiene que la base del trabajo continúa siendo la misma: aprender bien, respetar al cliente y cuidar la confianza que se construye dentro de la peluquería.

En una fecha que coincide en Metán con la celebración en honor al Señor y Virgen del Milagro, Ferreyra recordó sus primeros pasos y mostró algunos de los elementos que utilizaba cuando comenzó. Las antiguas máquinas manuales, por ejemplo, exigían otro manejo y muchas veces tiraban del cabello. Con los años llegaron los equipos eléctricos y también cambiaron las condiciones sanitarias para el uso de las navajas.

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Lejos de plantear una rivalidad entre los peluqueros tradicionales y las nuevas barberías, considera que ambos estilos pueden convivir.

“Todo lo nuevo modificó muchísimo la profesión. Estoy de acuerdo con esos cambios porque las modas también van cambiando”, explicó.

Los cortes que imponen los futbolistas argentinos y europeos suelen ser una referencia para los más jóvenes. Al mismo tiempo, los clientes de mayor edad todavía prefieren los modelos clásicos, realizados con tijera o navaja. Para Ferreyra, cada peluquero debe estar preparado para responder a esos distintos pedidos.

Un oficio que aprendió en Buenos Aires

Su llegada a la peluquería no fue planificada. Cuando era joven trabajaba como vendedor de calzado en la calle Florida al 260, en la ciudad de Buenos Aires. Allí conoció a dos clientes que tenían una peluquería cerca del comercio y que solían llamarlo “Salteñito”.

Durante una conversación, Ferreyra les comentó que le interesaba aprender. Tiempo después, ellos mismos le ofrecieron enseñarle.

“Me dijeron: ‘Che, Salteñito, ¿querés aprender el oficio de peluquero?’. Ahí fue cuando comencé”, recordó.

Aquella propuesta terminó marcando su vida laboral. Desde entonces, la peluquería se convirtió en el trabajo que le permitió sostenerse durante más de cinco décadas.

“Hace 54 años que vivo de esta profesión. Miren ustedes si no es hermosa”, expresó.

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Enseñar para que otros puedan trabajar

Además de atender a sus clientes, Ferreyra dedica parte de su tiempo a enseñar. Por sus clases pasaron alumnos de Metán, Río Piedras, Rosario de la Frontera y El Galpón. Varios de ellos ya trabajan por cuenta propia.

El año pasado había pensado en cerrar esa etapa. La llegada de nuevos interesados, sin embargo, lo llevó a continuar.

“Vinieron a verme tantos chicos que dije: ‘Voy a enseñar hasta donde pueda y voy a dar todo lo que sé’”, contó.

Entre sus alumnos hay chicos de 11, 13 y 14 años que ya comenzaron a realizar cortes en sus casas o a domicilio. Ferreyra entiende que el aprendizaje debe ser responsable, pero también valora que puedan adquirir desde jóvenes una herramienta de trabajo.

Para él, transmitir lo aprendido durante tantos años es una manera de darle continuidad a la profesión y ofrecer una salida laboral concreta.

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Escuchar sin romper la confianza

La peluquería también es un lugar de conversación. Mientras esperan o se cortan el cabello, los clientes hablan de sus familias, del trabajo, del fútbol y de los problemas cotidianos. Algunas veces comparten situaciones personales que no comentarían en otros ámbitos.

Ferreyra les recomienda a sus alumnos leer y mantenerse informados para poder conversar con personas de distintas edades. También les advierte que deben evitar las discusiones políticas o religiosas dentro del local.

“La peluquería muchas veces es un confesionario. Todo lo que se habla acá no se tiene que transmitir en ningún lado. Ese es el secreto del peluquero”, afirmó.

A sus 54 años de actividad, Pedro Ferreyra continúa atendiendo y enseñando. Las herramientas y los cortes cambiaron, pero mantiene una regla que considera fundamental: trabajar con responsabilidad y respetar los códigos del cliente.

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