Metán despidió al padre Eduardo Herrera, un sacerdote joven entregado a su fe
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Familiares, amigos, vecinos y fieles de distintas parroquias participaron de la misa en su memoria, que se vivió con emoción y respeto. En ese marco, el padre Mario Maita, titular de la Parroquia San José, dirigió unas palabras que reflejaron el sentimiento compartido por toda la comunidad.
Hay caminos que no se eligen por ambición ni por destino, sino por fe. La vocación sacerdotal es uno de ellos… un llamado que no se impone, se escucha; y que, una vez aceptado, cambia la vida entera. Es el paso de servir por deber a servir por convicción. En ese trayecto silencioso y firme transcurrió la vida del padre Eduardo Herrera, un hombre joven que decidió consagrarse a Dios y sostener su compromiso hasta el final.
Este martes, la iglesia San José volvió a abrir sus puertas para él, no ya como aquel joven que daba su primera misa, sino como el sacerdote que partía al encuentro eterno. La ciudad de Metán lo despidió con respeto y recogimiento. No hubo discursos extensos ni gestos solemnes-, sólo la oración compartida de una comunidad que lo vio crecer en la fe.
El padre Mario Maita, titular de la parroquia, encabezó la ceremonia y habló con claridad y sentimiento.
“Como comunidad parroquial hemos querido hacernos partícipes de esta despedida hacia la persona del padre Eduardo, que es hijo de esta comunidad. Aquí celebró su primera misa, aquí nació su vocación sacerdotal. Por eso, como hermanos, queremos despedirlo y acompañar a su familia en este momento tan doloroso”.
Herrera tenía cuarenta años y desarrollaba su ministerio en la diócesis de Puerto Iguazú, en Misiones. Allí también fue reconocido por su entrega y su cercanía con la gente. Pese a la enfermedad, continuó con su tarea pastoral, sosteniendo su misión con serenidad. “Sabemos que jurisdiccionalmente él pertenecía a la parroquia de Fátima, pero desde joven integró el grupo juvenil acá, y fue en este lugar donde el Señor le concedió la gracia de descubrir su vocación y formarse en el seminario de Iguazú. Desde allí prestó su servicio, haciendo tanto bien. Aun en la enfermedad, siguió adelante, dando testimonio de una vida entregada. Su presencia se siente todavía hoy, tanto en la comunidad donde sirvió como en esta, que lo vio nacer”, expresó Maita.
Durante la entrevista con Spacio TV, hizo un llamado a la oración por las vocaciones sacerdotales, al referirse a la escasez de seminaristas que atraviesa la diócesis. “Estamos en crisis vocacional. Son pocos los seminaristas y no sabemos cuándo llegarán a ordenarse. Por eso pedimos a la comunidad que rece por el aumento, la conservación y la fidelidad de las vocaciones. El ejemplo del padre Eduardo debe servirnos para renovar esa esperanza”.
La misa fue presidida por el padre Sergio Sébola, quien acompañó a Herrera durante su formación en el seminario y compartió su camino espiritual. Su presencia cerró el círculo de una historia marcada por la entrega y la fe.
El padre Eduardo Herrera no tuvo tiempo de grandes obras ni de largos ministerios, pero dejó el ejemplo de una vida coherente, entregada sin reservas. Su paso fue breve, pero firme. La comunidad de Metán lo despidió en el mismo templo donde comenzó su vocación, con la certeza de que su servicio no terminó, sino que continúa en el recuerdo y en la fe de quienes lo conocieron.
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