Peregrinos de Córdoba recorren cientos de kilómetros en bicicletas adaptadas para llegar a Metán y unirse a los fieles locales en la Catedral, en una muestra de fe y devoción por el Milagro Salteño.”
Entre el sol que acaricia los caminos y el viento que acompaña las almas, hay lágrimas que se mezclan con la tierra, con la respiración entrecortada de quienes avanzan a cada pedalada, con la emoción que estalla en el pecho. Este septiembre, Mes del Milagro Salteño, la devoción se vive en su forma más pura; hombres y mujeres que cruzan cientos de kilómetros en bicicletas adaptadas, algunos sin ver, otros sin poder caminar, pero todos con un corazón dispuesto a agradecer y pedir protección. Cada paso sobre el asfalto es un acto de fe; cada mirada, un diálogo silencioso con la Virgen y el Señor del Milagro. La llegada a Metán será el punto de encuentro con los peregrinos locales, desde donde juntos partirán hacia la Catedral, epicentro de la celebración y testimonio de una devoción que trasciende cualquier límite físico.
Marcelo de Monte, salteño de nacimiento y cordobés por adopción desde 1987, lidera esta travesía. En diálogo con Rodrigo García en Spacio TV, relató: “El año pasado fuimos ocho personas. Entre ellos, dos con baja visión en bicicletas tándem. Este año se suman dos personas totalmente ciegas y un parapléjico en una bicicleta handbike. Yo trabajo en Córdoba como guía en un grupo de ciclismo adaptado, y surgió la idea de invitar a quienes podían sumarse”.
El recorrido exige un esfuerzo notable: diez días de pedaleo, con distancias diarias que van de 70 a 114 kilómetros. “El esfuerzo físico no se siente; queda tapado por las emociones. Valoramos lo religioso, lo emotivo, todo lo que pedimos a la Virgen y al Señor del Milagro. Llevamos intenciones de muchas personas en pequeñas bolsas, y eso mueve cada pedaleada”, explicó de Monte.
Cada parada se convierte en un cúmulo de sensaciones; la comunidad se acerca, pregunta, acompaña, ofrece alimentos y aliento. “Desde que cruzamos El Tala y entramos en la provincia de Salta, la recepción cambia. Este año vamos con autos de apoyo y preparados incluso en lo culinario… un amigo del movimiento de cursillos de cristiandad, que es chef, dejó su rotisería en manos de un familiar para acompañarnos con cada almuerzo”, agregó.
La travesía comenzó con la bendición del cardenal Ángel Rossi, momento que marcó a los peregrinos desde el primer instante. “Empezamos a llorar al recibir la bendición y nos preguntábamos qué nos quedaría para cuando lleguemos a la Catedral. Cada encuentro en el camino emociona, la gente se asombra, pregunta y comparte. Es un milagro que sucede en cada pedaleada”, afirmó de Monte.
La llegada a Metán será la antesala de la partida conjunta hacia la Catedral, donde la fe se convertirá en celebración comunitaria. Esta peregrinación no solo refleja la devoción personal de quienes recorren cientos de kilómetros, sino también la fuerza de un pueblo que, con cada gesto, reafirma su gratitud, su entrega y su convicción en el Milagro Salteño.
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