Sin margen: recortes, deudas y comida que falta en los hogares de Metán

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El ajuste ya no es una advertencia: se siente en cada compra. En Metán, familias reducen consumos, cambian hábitos y estiran ingresos que no alcanzan.


Sin margen: recortes, deudas y comida que falta en los hogares de Metán

En Metán, la crisis dejó de ser un dato para convertirse en rutina. No hace falta buscar cifras ni informes; alcanza con caminar el centro, detenerse unos minutos y escuchar. La cuenta no cierra. Y cuando no cierra, lo primero que aparece es el recorte.

El aumento de precios —en la comida, el combustible y los servicios— fue achicando el margen hasta dejar a muchas familias al borde. No hace falta mirar estadísticas para entenderlo; se compra menos carne, se reemplazan productos por opciones más baratas y las salidas desaparecieron. En la mesa y en la casa es donde se siente de verdad. Y ahí también crece la preocupación

En la calle, el panorama se repite con matices. Una vecina lo explica sin vueltas: “Reducir gastos, bastantes. Por ejemplo, dejé de comprar gaseosa, también carne, un buen asado el fin de semana. Y lo que más se ha reducido es comprar mercadería de primera calidad”. Lo que antes formaba parte de lo cotidiano, hoy directamente se elimina.

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En otro caso, la situación es todavía más ajustada. “No llego a fin de mes. Me faltan dos semanas para cobrar y ya estoy viendo de sacar un préstamo”, cuenta. La descripción es alquiler, gastos de la casa, comida. Todo se acumula y el ingreso no alcanza. Cuando se le pregunta por los gustos de antes, no duda: “Cuando cobro, es todo difícil”.

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En hogares más numerosos, la presión es mayor. Una mujer, que vive con cinco personas y tiene a su nieto a cargo, detalla: “No alcanza la plata. Todo sube. Un paquete de fideos que antes estaba 300 pesos ahora está 700. Los pañales, la leche, todo”. La comparación con el pasado es inmediata: “Antes por lo menos hacíamos un asado los fines de semana. Ahora no nos podemos dar ese gusto”.

Otro vecino plantea el cambio de hábitos: “Antes uno se daba el gusto de comer empanadas o hacer un asado un sábado o domingo. Ahora lo pensamos dos veces porque no llegamos al mes con los sueldos actuales”. En la góndola, la lógica es otra: “Antes elegíamos primeras marcas, hoy miramos precio. La canasta básica está por las nubes”.

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El ajuste también se siente en el día a día más simple. “Hoy en día se debe todo. No alcanza la plata para nada. Carne, alimentos, todo”, resume otro consultado. La estrategia es sobrevivir: “Pasamos de primeras marcas a segundas y terceras. Se busca oferta, lo más barato”.

Las salidas, directamente, quedaron afuera. “Salir a cenar, a almorzar, imposible. No alcanza. Esa es la realidad”, dice, sin rodeos.

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En algunos testimonios aparece, además, la preocupación por la pérdida de ayudas sociales y la dificultad para sostener lo básico. La incertidumbre es parte del cuadro; menos ingresos reales, más gastos y menos respaldo.

Las voces recogidas no son aisladas. Se repiten. Cambian los nombres, pero no el fondo. En Metán, el ajuste ya no es una palabra… es una práctica diaria. Se mide en lo que se deja de comprar, en lo que se reemplaza, en lo que se posterga.

La economía, en este punto, no se analiza; se vive. Y se padece. Porque cuando el ingreso no alcanza, la discusión se termina rápido. Queda lo esencial. Y cada vez cuesta más sostenerlo.

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