El sahumado de los hogares, la caña con ruda y las ofrendas a la Pachamama renuevan cada 1º de agosto una tradición ancestral todavía vigente en el norte argentino.
Con la llegada de agosto, antiguas prácticas vinculadas con la Pachamama vuelven a ocupar un lugar en los hogares. El sahumado de los ambientes, la caña con ruda y las ofrendas a la Madre Tierra forman parte de una tradición que atravesó generaciones y todavía conserva una fuerte presencia en el norte argentino.
En Metán, los días previos a la celebración también se reflejan en una mayor demanda de hierbas, carbón, preparados aromáticos y otros elementos utilizados durante la ceremonia. María Eugenia Guevara, responsable de La Nueva Santería, explicó que muchas familias mantienen la costumbre de sahumar sus viviendas durante la jornada del 1º de agosto.
“El preparado se utiliza para agradecer lo que nos brinda la Madre Tierra y también para la limpieza de la casa. Lo importante es poner una intención y saber qué se quiere alejar y qué se desea atraer”, señaló.
Para esta fecha suelen emplearse ruda, romero, palo santo y coa coa, una hierba tradicionalmente asociada con las ofrendas a la Pachamama. Los ingredientes se colocan sobre carbón encendido y el humo se hace circular por los distintos ambientes de la vivienda.
Según la costumbre popular, mientras se realiza el recorrido deben formularse de manera clara los agradecimientos y pedidos. No existe una única forma de cumplir el ritual; algunas personas lo entienden como una práctica de renovación, mientras que otras lo incorporan como una manifestación de agradecimiento por los alimentos, el trabajo y la salud.
Otra tradición extendida es la caña con ruda. La creencia sostiene que beber tres pequeños tragos en ayunas ayuda a afrontar el año con fortaleza y buena salud. Se trata, sin embargo, de una bebida alcohólica y su consumo no corresponde a niños, embarazadas ni personas que deban evitar el alcohol.
Guevara indicó que su demanda crece durante los últimos días de julio y que, con el paso de los años, más familias se acercan en busca de los elementos necesarios para conservar el rito. “Ya es un clásico. Generalmente participa toda la familia”, explicó.
El movimiento comercial aumenta especialmente durante la tarde del 31 de julio. Ante la concurrencia registrada en años anteriores, el negocio amplió sus horarios y dispuso más personal para atender al público.
La tradición también convive con otros pedidos ligados a las creencias populares. Entre ellos aparecen las velas dedicadas al arcángel Chamuel o a San Antonio, vinculados por los fieles con el amor y los noviazgos. De acuerdo con Guevara, estas consultas llegan principalmente de mujeres.
Más allá de las distintas formas que adoptó con el tiempo, la celebración conserva su sentido original; agradecer a la tierra por aquello que ofrece y renovar el vínculo con una costumbre anterior a muchas de las prácticas religiosas actuales. Cada 1º de agosto, el humo de las hierbas vuelve a entrar en las casas y mantiene viva una expresión ancestral profundamente arraigada en el norte del país.
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